Coaching

Coaching para mujeres.

Desde siempre a las mujeres se las ha caricaturizado por sus cambios de ánimo, por su sensibilidad, por su capacidad de conversar, de contar sus problemas, etc., y muchas de estas características han sido atribuidas a las “hormonas femeninas”. Ya Sigmund Freud nos describía con su frase: “La gran pregunta que nunca ha sido contestada y a la cual todavía no he podido responder, a pesar de mis 30 años de investigación del alma femenina, es ¿qué quiere una mujer?”.

Estas descripciones, desde nuestro punto de vista, no identifican a las mujeres, es tal como se mencionó antes, una caricatura. Creemos que aunque sí somos sensibles, nos gusta conversar y estamos en gran medida hormonalmente determinadas, estas características solo marcan diferencia con la mayoría de los hombres, o con algunos de ellos, y no representan de ninguna manera lo que somos como mujeres. Es debido a este tipo de imágenes estereotipadas que nos hemos sentido desplazadas durante muchos años y que hasta el día de hoy se nos sigue discriminando en los trabajos, contratos, y todo tipo de oportunidades laborales, ya que frente a la competencia masculina, nuestras supuestas características femeninas nos juegan en contra -el posible prenatal, postnatal, permiso de lactancia, enfermedad del hijo menor de una año, entre otros- y hacen que se privilegie la contratación de un hombre por sobre la de una mujer.

La superación de estas dificultades ha sido lenta a través de los años y a pesar de todo lo avanzado aún hay mucho por lograr y realizar. En muchas culturas aún el papel de la mujer es muy secundario, como lo vemos todos los días, mujeres que no pueden estudiar, que caminan detrás de los maridos en la calle, que no pueden mostrar el rostro o incluso el asesinato hoy es utilizado cuando se le considera “en pecado”.
Este contexto propicia que el espacio para las emociones o la sensibilidad femenina sea aún menos reconocido y que cuando ocurre se hace únicamente en los grupos de pares. Difícilmente hay acogida para problemáticas propias de la mujer, para sus necesidades, sus angustias, sus dolores, sus procesos, por lo que en muchas ocasiones las mujeres se aíslan, se deprimen o se refugian en sus familias, postergando sus propias aspiraciones.
En este espacio creemos y sentimos que el Coaching es una muy buena alternativa. Con el apoyo de un Coach podemos buscar los espacios propios, podemos reencontrarnos con roles femeninos sin disputas ni competencias con roles masculinos. Podemos asumir lo que vivimos y disfrutarlo, podemos descubrir y aprender a conocer lo que queremos y lo que esperamos lograr. El proceso es de aprendizaje mutuo y bien vale la pena darse el espacio de este regalo para nuestro yo interno, yo persona, sin roles, ni obligaciones.