Esterilidad e infertilidad

ESTERILIDAD E  INFERTILIDAD

Aún cuando el embarazo y la presencia de hijos en una pareja en un país como el nuestro, nos parece lo más habitual como parte de la constitución de la familia, hay un grupo importante de parejas que no logran concretar el anhelo de tener hijos naturalmente y deben someterse a tratamientos de infertilidad para lograrlo. La experiencia de todos los autores indica que es uno de los momentos más duros que enfrenta una pareja y que el desgaste emocional que acarrea para ambos, puede llevar incluso a la decisión de terminar con la relación.
Cuando se suma a esto que uno de los dos integrantes es determinante como motivo para no engendrar surgen las culpas, los silencios, el deterioro de la autoestima, la ansiedad, la depresión y comienza a afectar toda la vida de la pareja, tanto social, como familiar y sexual.
Sucede muchas veces que la realización de los tratamientos a que deben someterse ambos integrantes de la pareja los mantiene en un estado de ansiedad y estrés permanente. Es así como de acuerdo a los estudios que se han realizado sobre la medición de niveles de ansiedad en los distintos tipos de tratamientos de estos pacientes, se ha evidenciado que este proceso ocupa el segundo lugar precedido sólo por los tratamientos oncológicos.

Mucho se habla y se ha hablado en relación a que la ansiedad de las mujeres especialmente, retrasaría la probabilidad de embarazarse naturalmente, sin embargo, la Dra. Jacky Boivin (una de las mayores autoridades mundiales en el estudio de los aspectos emocionales de las parejas con problemas reproductivos) ha publicado el mayor análisis sobre este tema recogiendo datos de 14 estudios con más de 3.500 pacientes. La conclusión es muy clara: “el estrés emocional provocado por la infertilidad u otros aspectos de la vida no influyen en la probabilidad de conseguir el embarazo durante los tratamientos de reproducción”. Esto contrasta con la creencia y referencias populares de que “alguna mujer” se habría embarazado después de adoptar, por cuanto habría suprimido la ansiedad después de haber logrado ser madre.
De acuerdo a esto se puede concluir que la ansiedad y estrés no producen infertilidad y, por el contrario, la infertilidad sí lo produce (Dr. Joaquín Llácer, Instituto Bernabeu).

DEFINICIONES

Para entender más de este tema necesitamos aclarar primero los términos que se utilizan:

– Esterilidad, es la incapacidad para concebir. Se habla de esterilidad primaria cuando la pareja nunca ha logrado una gestación y secundaria cuando después de un embarazo, no logran una segunda.
– Infertilidad, es la imposibilidad de llevar un embarazo a buen término. Hasta hace algunos años se hablaba de infertilidad cuando se producían tres pérdidas seguidas, pero por todo lo que implican estos episodios en la vida de las personas, hoy se realiza el estudio con sólo dos. También se diferencia entre primaria, cuando ningún embarazo ha llegado a término satisfactoriamente, y secundaria cuando se producen abortos después de una gestación.

La diferencia entre ambos es fundamental, pues los tratamientos son distintos. No es lo mismo nunca haber logrado un embarazo que haber tenido uno y no lograr un segundo, o que la mujer sufra de abortos reiterados.
Asimismo, cuando hay algún antecedente de problemas relacionados con la reproducción, no se debe esperar un embarazo sin realizar algún estudio.
La recomendación para realizar consulta por infertilidad es cuando se ha tenido relaciones sexuales durante un año sin ningún tipo de anticoncepción y no se ha producido embarazo.

CAUSAS DE INFERTILIDAD

Generalmente las causas son compartidas por lo que se deben estudiar ambos integrantes de la pareja. Según datos de especialistas el 1.5% de las parejas son estériles y la totalidad de infertilidad se ve en un 10% de la población. La mayor parte de los fracasos en los resultados ocurre por falta de diagnóstico adecuado y oportuno.

Causas femeninas:

En primer término hay que señalar que la edad de la mujer influye en la fertilidad, siendo la edad óptima para concebir de los 22 a los 35 años.
Generalmente los problemas femeninos que originan la infertilidad son fáciles de resolver y rara vez son incurables o graves. Las causas son múltiples y no existe una sola forma de tratarlas.
Las causas se originan básicamente en los órganos genitales, tanto en el útero, trompas u ovarios, o bien en ciertas glándulas como son problemas de Tiroides, de Hígado, causas tumorales,  causas inflamatorias, adicciones o desórdenes alimenticios importantes, etc. Habiendo una gran cantidad de causas lo principal es un diagnóstico preciso para el tratamiento adecuado con un resultado de sobre el 80% de éxito.
Generalmente las mujeres han presentado alguna sintomatología que pudiera eventualmente orientar el diagnóstico, como ciclos irregulares o amenorrea (ausencia de regla), cólicos menstruales, dolores durante el coito, hemorragias, inflamación abdominal, u otros.

Causas Masculinas:

Las causas para el caso de los hombres también suelen ser de variado origen y confluir distintas para que no se produzca fecundación adecuada. También tienen que ver con los órganos sexuales como testículos, tracto seminal, escroto, o de tipo general como causas hormonales, Diabetes, falla renal, alteraciones hepáticas, problemas hematológicos, etc.
La asociación de causa masculina y femenina leve son los casos más frecuentes de infertilidad, por lo cual es de suma importancia el estudio de ambos integrantes de la pareja.

TRATAMIENTO

El tratamiento de la causa masculina puede ser tan simple como corregir causas de hipertensión o indicar antibióticos y antiinflamatorios. En general, las causas más frecuentes son las más fáciles de tratar, por cuanto cuando el diagnóstico es oportuno, en general son sólo correcciones de algún estado alterado previo.
En relación al tratamiento de las causas femeninas, existe una variable a considerar que podría afectar los resultados de su tratamiento y esto es la edad. Desde los 35 años en adelante las posibilidades se ven reducidas por enfermedades que aún cuando por sí solas no ocasionen impedimento, la sumatoria de ellas sí podría hacerlo. Al igual que el caso del varón se deben corregir los aspectos alterados desde el punto de vista funcional que pudieran intervenir en la reproducción.
Si a pesar de todas los apoyos médicos, de suplementos hormonales, vitamínicos, etc., no hubiera resultados positivos, se deberá recurrir a tratamientos más invasivos como son la Reproducción Asistida. Dentro de este espectro tenemos desde la inseminación intrauterina homóloga (preparación y colocación del semen del hombre dentro del útero en el momento de la ovulación), hasta técnicas de alta complejidad como son la Fertilización In Vitro o ICSI (formación de embriones en laboratorio uniendo óvulos y espermios, para luego transferirlos al útero materno).
Si la causa de la infertilidad fuera ausencia de espermatozoides deberá evaluarse la posibilidad de una biopsia testicular y, en casos más severos, donación de espermios.
Todos los tratamientos son recomendaciones médicas de acuerdo a cada caso y decisión de los pacientes según sus convicciones, probabilidades y deseos.

CONCLUSIONES

La infertilidad es un gran tema para las parejas desde el punto de vista emocional, partiendo por que es inesperado. Desde que las parejas se unen comienza la presión familiar y social por la descendencia y, en la mayor parte de los casos, el deseo surge al cabo de los dos o tres primeros años postconvivencia, y para todos lo “normal” es que este período no se alargue por más de un año. Sin embargo, cuando no se concreta ese objetivo lo primero que surge es la ansiedad y la recurrencia a familiares consultando si esto ha ocurrido antes en la familia y/o solicitando toda clase de consejos entre los cercanos. Es por esta razón que cuando se llega a consultar suele ocurrir que las parejas han pasado varios meses y hasta años desde que se han suspendido los anticonceptivos, sobrellevando ya al momento de consultar a un especialista un grado de ansiedad importante, de angustia o tristeza.
La solicitud de todos los antecedentes a ambos por parte del especialista, incluida la vida sexual previa, enfermedades y costumbres personales, aumenta el sentimiento de inseguridad y ansiedad. A continuación se dispone la realización de todos los exámenes necesarios, muchos de ellos incómodos y molestos para ambos, y finalmente, el diagnóstico que dependiendo de los resultados puede alargarse bastante más de lo esperado.
Todo este proceso, como ya dijimos inesperado e incierto, muchas veces genera un estado de estrés importante en la pareja. Por un lado, el varón es en general más introvertido y no conversa con nadie el tema, por lo que su estado de angustia puede transformarse en rabia que no logra canalizar de manera adecuada. Y, por otro lado, la mujer que por ser frecuentemente más extrovertida, puede hacer partícipe a familiares y amigos lo que le ocurre, generando así múltiples opiniones que sólo suelen crear confusión ya que al tratarse de puntos de vista distintos pueden ocasionar discusiones y peleas en las parejas, las que en casos de infertilidad más severas y tratamientos más largos y complejos pueden llegar a socavar definitivamente la relación.
Desde nuestra experiencia sentimos que el apoyo a las parejas en esta etapa es fundamental, ya que ninguno de quienes comienzan a hacer familia están preparados para un problema de esta envergadura. Todos parten su proyecto felices, esperanzados y con ganas de hacerlo lo mejor posible, sin embargo, este primer tropiezo puede ser la causa que determine de manera drástica el futuro de la relación. Buscar apoyo psicológico o coaching durante este proceso puede ser un aporte muy relevante para canalizar de la mejor manera las energías necesarias para este gran desafío, superar la angustia, la pena, la rabia, la culpa, con todas las herramientas de que disponemos y las que podemos desarrollar.

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