¿A qué se debe el fracaso repetido de la mayoría de las dietas?

  • “Debes comer un plátano para evitar esos calambres.
  • Imposible! El plátano engorda y justo en este momento estoy a dieta.”

Hay personas que pasan su vida a dieta, intentando bajar de peso, sometiéndose a un verdadero “régimen de vida”, siendo su diario vivir un conjunto de normas o reglas que reglamentan o rigen su relación con los alimentos desde la premisa equivocada que tal o cual alimento hace engordar.

Existe una tendencia, muy occidental por lo demás, de conferirle cualidades negativas a los alimentos, como lo mencionado anteriormente. Todo eso es un error, los alimentos naturales no me hacen engordar, soy yo quien tiene algo funcionando mal en mi organismo que hace que un alimento impacte de una u otra manera… sin embargo, no es el alimento, es mi organismo.

Existen tantas dietas como huellas digitales, todas aseguran resultados con sensación de milagro, todas muestran fotos de obesos con semblante de tristeza , cuerpos blandos, blancos, sin forma y a continuación cuerpos dignos de dioses griegos, sonrisa perfecta, músculos esculpidos, perfectamente bronceados, tallados por el gimnasio y por qué no decirlo, por la mano del cirujano y su bisturí y unos cuantos centímetros cúbicos de silicona

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Categorizar los alimentos naturales como “engordadores” o no “engordadores” es muy básico y alejado de lo que realmente importa y lo que ha ayudado a cientos de personas a recuperar la salud, entender que somos lo que comemos, que la alimentación tiene un efecto químico en el organismo. Debemos entender la relación directa que existe entre estar sano u enfermo y que ello depende en gran medida de cómo nos alimentamos y de qué nos alimentamos.

El 60% de las enfermedades de todo el organismo, incluidas las de origen psiquiátrico se desencadenan en el sistema gastrointestinal. Las toxinas invaden el organismo y se alojan en diferentes partes, produciendo reacciones adversas, existiendo síntomas neurológicos como la incapacidad de concentrarse o los episodios de comportamiento inadecuado.

La lógica de la imagen idealizada de “cuerpo perfecto” es la que está dictando el tipo de dieta que las personas realizan, sin importar la alimentación adecuada. Los estándares de belleza actuales influyen en cómo nos alimentamos y le restamos importancia al efecto sanador potente que tienen los alimentos en el organismo.

Admitir que existe una importante relación entre lo que comemos y estar afectados por el cáncer o algunas otras enfermedades apunta con el dedo a las industrias que nos sustituyen los alimentos naturales por procesados y envasados, que no nos  nutren bien, pero a cambio prometen un mínimo de calorías, efecto saciador inmediato y pérdida de grasa corporal.

Los alimentos naturales poseen una composición química por sí solos, combinados con otro crean un compuesto distinto y si mezclo tres  alimentos, otro y así sucesivamente, esto sumado al efecto de los colores de los alimentos y los resultantes de sus mezclas resulta en un poder curativo implacable.

Aquellos efectos benéficos de los alimentos se intentan sintetizar en 10 mg de gelatina, de bonitos colores y atractivos envases, con leyendas en sus envases de un fututo prometedor.

Nada reemplaza una buena y equilibrada alimentación, la cual no debe dejar ningún alimento afuera, obviamente hay excepciones, sin embargo si entendemos que los alimentos en sí nos pueden ayudar tras su correcta utilización, tendremos una salud increíble.

A la vista de una mesa llena de pasteles y comidas ricas en grasas nuestro cerebro no se puede resistir, la tentación del primer bocado y seguir y seguir es difícil de controlar, pues esas tentaciones dulces, saladas o fritas activan los sistemas de recompensa del cerebro.

Quitar un alimento natural de nuestra dieta porque “engorda” instaura en nuestra cabeza, en nuestro cerebro ansiedad por comerlo, deseos irrefrenables de probarlo, aunque sea un poquito… mejor es consumirlo con moderación de vez en cuando que atiborrarse de grandes cantidades por la madrugada, sin saber cómo ni cuánto ni por qué.

Comemos más de lo que necesitamos porque paladear determinados alimentos nos produce placer y todo lo relacionado con el placer puede ser adictivo para nuestro cerebro.

Una dieta equilibrada y el uso correcto de los alimentos puede ser muy sanadora, ya que respeta la fisiología corporal y aumenta los niveles de antioxidantes.

Cuanto más enfermo se esté, mayor será la necesidad de volver a adoptar una alimentación primordial para sanar.

“Sentimentalmente somos lo que comemos y cómo lo comemos, la alimentación es una emoción, una necesidad que se transforma en emoción”… (Sánchez Romero).
Paula Droguett, Fisioterapeuta dolor agudo y crónico.
Programación neurolingüística Universidad Católica.
Diplomado en Nutrición y Trofología.

 

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